martes, 19 de abril de 2016

Puro placer



Es puro placer. A media tarde, coger la cámara y salir a pasear en esa franja de tiempo que va desde el final de la siesta hasta la puesta de sol. Si además tienes la suerte de estar cerca del mar, ya ni te cuento. La brisa te va trayendo aire fresco y llena el ambiente de esa humedad salada que todo lo impregna, incluso la cámara. Pero es igual. Todo te da igual. De vez en cuando haces alguna fotografía a los pescadores de caña o intentas captar esos reflejos dorados que luego cuestan tanto de reproducir. Y mientras vas paseando, sin hacer nada, las imágenes te van apareciendo para que tú las captes. Solo tienes que estar atento y tener la cámara a mano.
Es puro placer. Cuando de repente, aparece ante ti esa imagen que te cautiva y te paras un buen rato a contemplarla. Y como llevas la cámara la capturas para, más tarde, volver a deleitarte con ella. 
Es puro placer. Los aromas y la brisa que vuelven a ti cada vez que contemplas esa imagen porque la fotografía no es solo una representación de lo que vemos. También evoca todo aquello que sentimos cuando la tomamos.
¿A que sabéis de que os hablo?
¡Hasta pronto!

jmartinezbert

jueves, 10 de marzo de 2016

Paisajes imaginados


Si es verdad el dicho que dice que el hábito no hace al monje, entonces un fotógrafo debe prescindir del tipo de cámara que tenga y plasmar el momento aunque sea con un smartphone.
De esto sabe mucho Meagan V. Blazier (http://www.meaganvblazier.com/) que con una modesta Canon PowerShot SX40HS crea unas imágenes con una atmósfera increíble que te transporta hasta esos mundos imaginarios, casi oníricos, que ella denomina “imaginescapes” (http://www.meaganvblazier.com/imaginescapes/).
Meagan nos muestra estos paisajes para que cada uno los interprete a su manera. No es el paisaje en si lo que interesa sino la forma en que cada uno lo ve. La herramienta, en este caso, no es lo importante. Lo que prima es la visión del fotógrafo. Su visión. 
En el plano personal, tiendo a procesar las fotografías, sobre todo las de color, de manera que reflejen la realidad en todo lo posible. Algunas veces, durante el procesado, he lamentado no haber podido disparar bajo otras condiciones de luz o de climatología pero me he sentido obligado a respetar la realidad de lo que vi, sin tener en cuenta lo que en realidad sentí al hacer la foto.
Meagan me ha enseñado un nuevo camino. Me ha enseñado que la grandiosidad de un paisaje no tiene nada que ver la representación más o menos realista del mismo ni con una mejor o peor herramienta sino con otros elementos que no tienen por qué estar presentes en el plano físico, en el plano material.
Nuestro estado de ánimo, nuestras emociones, lo que sentimos. Esto es lo que hemos de plasmar en la fotografía si queremos que esta llegue a los demás. No es fácil, pero merece la pena intentarlo.
Gracias Meagan por mostrarnos otro camino. 
Y para ilustrar este post os dejo una vieja imagen que he vuelto a procesar con nuevos ojos.
Espero que os guste.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert

martes, 16 de febrero de 2016

¿Necesitáis una dosis de autoestima?


Hojeaba hace unos días el post del fotógrafo finlandés Jalo Porkkala que, a mi modo de ver, hace unos cianotipos excelentes, y me llamo la atención su comentario sobre la imagen que usaba de forma repetida para hacer pruebas sobre distintos tipos de papel. Decía que a base de repetir esa imagen se estaba convirtiendo en su imagen “estándar”.  Interpreto que estándar aquí equivale a modelo o patrón, algo que sirve de referencia y por lo tanto de lo que podemos estar satisfechos (él debe estarlo pues de lo contrario no tendría la imagen de ese viejo árbol en su galería).
Esto me hizo reflexionar sobre el valor que yo mismo le doy a mis fotografías y que suele ser proporcional, entre otros, al esfuerzo invertido durante su procesado. Y es que cuanto mas tiempo dedico a una imagen más satisfacción me proporciona verla terminada y lista para mostrar a los demás.
La parte más desalentadora de todo el proceso viene cuando al mostrar la foto a los demás veo que no obtiene los “+1” o los “likes” que esperaba obtener. He de reconocer que siento un cierto desaliento cuando esto sucede pero no queda más remedio que hacer de tripas corazón y aceptar los resultados obtenidos. Al fin y al cabo hay factores ajenos a la propia imagen que influyen en los resultados tanto o mas que la imagen misma como por ejemplo la promoción, los contactos, grupos, etc.
Si pasáis por una experiencia similar y necesitáis una dosis extra de autoestima, os propongo que hagáis el siguiente ejercicio: haced una copia en papel de cualquiera de vuestras fotografías a un tamaño adecuado, enmarcarla y colgarla en la pared de vuestro salón. Estoy seguro de que cuando la veáis os llevareis una grata sorpresa.   
Para ilustrar este post os dejo la última foto que he colgado en mi pared.
Espero que os guste.
¡Hasta pronto!
jmartinezbert

viernes, 27 de junio de 2014

Jugar con la luz


No sé si a vosotros os ha pasado alguna vez que después de estar un montón de tiempo para sacar una fotografía, llegáis a casa y, cuando la abrís en el ordenador no la encontráis tan espectacular como la habíais pre visualizado.
La fotografía que ilustra este post la obtuve hace ya unos meses y la he procesado de muchas formas diferentes porque, una vez procesada, no era capaz de reproducir la sensación del momento de la toma.
El lugar es de una belleza singular. Es el lago Naorte, situado en el Parc Natural de l’ Alt Pirineu. Para llegar hasta allí tuve que subir en un todoterreno hasta el Estany del Closell y de allí seguir a pie hasta el lago Naorte. El día era soleado y soplaba una ligera brisa que refrescaba el ambiente, lo cual resultaba muy agradable en el mes de agosto.
Después de varios disparos por los alrededores me situé sobre un saliente rocoso acabado en punta que, a modo de flecha, señalaba hacia las altas cimas que rodean el lago. Pensé que podía aprovechar esa forma peculiar de la roca para usarla como líneas principales que condujeran la vista hacia las montañas.
Con esta idea en la cabeza realice varios disparos con diferentes ajustes para conseguir una buena profundidad de campo y una exposición correcta y adecuada. Elegí el formato vertical para, todavía más, concentrar la vista en las montañas del fondo que eran el motivo de la fotografía. A pesar de la belleza del lago y sus alrededores lo que proporcionaba la sensación de majestuosidad eran las altas cimas por encima de todo lo demás.
Ya en casa, experimente con diferentes procesados pero todos los intentos resultaron fallidos. No conseguía la misma e inmediata sensación de empequeñecimiento que sentía frente a las montañas el día que tomé la foto. Creo que esto se debía porque las texturas de las rocas eran demasiado fuertes y los colores demasiado uniformes provocando que la vista se perdiera unos segundos, antes de llegar al punto que yo quería (las cimas de las montañas).
Finalmente, después de muchas pruebas y, sobre todo, de muchas decepciones –que no desánimo- di con la solución que me satisfizo lo suficiente como para mostrar la fotografía públicamente: la pasé a blanco y negro.
Dividí la imagen en tres planos. El primer plano (el saliente rocoso) lo oscurecí suficientemente como para que el observador no se perdiera en los detalles de la textura de la roca. Una ligera subexposición es suficiente para catapultar la vista hacia la luz, es decir hacia el otro lado de la orilla del lago donde están las cimas de las montañas. Para no perder al observador por el camino oscurecí también el agua del lago y la zona boscosa que se extiende al pie de las montañas (este sería el segundo plano). Finalmente ilumine suficientemente las cimas para que destacaran del conjunto.           
Espero que os guste y que experimentéis una sensación parecida a la que tuve el día de la toma.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert

lunes, 21 de abril de 2014

Impresión – Sol naciente



Impresión – Sol naciente 
En 1.872, Claude Monet pinto la obra que, cuando fue expuesta en 1.874, dio nombre al movimiento impresionista.
Basta con ver esa pintura para darse cuenta de que el color es lo único que precisaba Monet para construir una composición. No hay contornos. Las formas aparecen por simple contraposición de colores (azules y verdes que realzan el amarillo y el naranja), no por el contraste entre claros y oscuros. Monet, estaba dotado de una sensibilidad única para apreciar las más sutiles gradaciones tonales. El color lo es todo.
Pues bien, si queréis apreciar la obra de Monet en todo su esplendor no tendréis más remedio que ir al Musée Marmottan de Paris o a cualquier otro museo que posea una copia decente porque a pesar de todas las tecnologías del siglo XXI es muy difícil encontrar una imagen en la web o impresa que refleje fielmente el color de la obra. A veces, el despropósito es tan grande que ni tan solo se le parece. Si no creéis lo que digo, u os parece exagerado, no tenéis mas que teclear “Impresión sol naciente” en el buscador de Google y veréis un auténtico muestrario de colores (si hacéis la prueba fijaros en que la pintura esté firmada pues hay muchas copias descontroladas).
Ir a la biblioteca tampoco creáis que soluciona el problema porque con los libros de arte pasa algo parecido y al final uno ya no sabe cuál de las reproducciones es la que más se parece a la pintura de Monet.
En mi opinión, lo más razonable es consultar un buen libro, de esos que todavía se imprimen con el inestimable “savoir faire” de los profesionales de las Artes Gráficas.
Lo más seguro, claro está, es ir a Paris.
Mientras seguiremos esperando a que alguien se preocupe un poco menos de los derechos de autor y un poco más de la decencia de la reproducción de las obras.
Y para ilustrar este post os dejo una fotografía que como es en blanco y negro no la vais a ver con los colores alterados. ¿No?
Espero que os guste.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert

martes, 15 de abril de 2014

Berndnaut Smilde (el armador de nubes)


Berndnaut Smilde (el armador de nubes)
Hace unos días hojeando una revista de moda me topé con un artículo en el que varios diseñadores opinaban sobre las nubes. El artículo estaba ilustrado con fotografías de Simon Procter (http://simonprocter.blogspot.com.es/) en las que quedaban plasmadas las obras del artista holandés Berndnaut Smilde (el armador de nubes).
Eso me hizo pensar en la importancia de las nubes en la fotografía de paisajes. Los cielos nublados suelen aportar a la imagen un plus de dramatismo que hace que las escenas sean más potentes, más fuertes y a la vez equilibradas. Con las nubes tendemos a llenar los espacios vacíos que genera la presencia de un cielo azul, de un monótono cielo azul.
¿Pero qué hacemos si no hay nubes?
Hasta ahora la solución pasaba por hacer tomas picadas tratando de minimizar la presencia de cielo o llenando parte del cielo con las ramas de algún árbol o arbusto que tuviéramos en primer plano pero Berndnaut Smilde ha dado con la mejor de todas las soluciones: FABRICAR NUBES.
Sí, dicho así parece una broma pero el armador de nubes ha ideado la manera de fabricar una nube en cualquier lugar que reúna unas mínimas condiciones ambientales (http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=ZBewyDBYnHw). 
Obviamente, el fabricante de nubes necesita de la fotografía y de una buena iluminación para poder dejar plasmadas sus obras que, por efímeras, deben fotografiarse para ser contempladas.
Bien, como mi presupuesto no da para ir fabricando nubes seguiré usando los métodos convencionales para paliar la ausencia de ellas. Al fin y al cabo, en mi país es más normal ver brillar el sol que los cielos nublados, así que, aprovecharé estas líneas para reivindicar los cielos azules sin más. Cielos limpios y cristalinos. Cielos de buen tiempo donde brille un magnífico sol. A lo mejor hay que currarse un poco más los encuadres o esperar a que pasen algunos pájaros pero creo que ganaremos en optimismo.
Y para ilustrar el post os dejo una fotografía que hice ya hace algún tiempo tratando de mostrar la mentira de ver unas nubes encerradas dentro de un edificio.
Espero que os guste.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert