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jueves, 7 de febrero de 2019

Santa Fe del Montseny. Colores de otoño.


Uno de los lugares que uno no se cansa de visitar es Santa Fe del Montseny. 
El pasado otoño, además, vino precedido de unos meses muy lluviosos por lo que el agua se convirtió en un invitado más a la fiesta de color.
Aquí os dejo las fotos tomadas en el entorno del embalse de Santa Fe.
Espero que os gusten.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert












jueves, 1 de febrero de 2018

Tavertet



Tavertet te regala unos paisajes espectaculares, sea cual sea la época del año en que lo visites, pero en otoño la presencia intermitente de la niebla proporciona un plus muy atractivo a las fotografías. 
Cuando faltaba aproximadamente una hora para la puesta de sol cogí la cámara y el trípode y salí a pasear por el camino que discurre paralelo al precipicio que da al pantano de Sau. La niebla estaba baja y todo lo cubría. De repente se abrió un claro y los rayos de sol, colándose por debajo de la niebla, iluminaron por unos instantes el paisaje pintando los campos con las alargadas sombras de los árboles. 
El resultado lo podéis ver en la foto que os dejo para ilustrar este post.
Espero que os guste.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert

martes, 31 de enero de 2017

Cuando el tiempo se para



Hay lugares en los que el tiempo parece que se haya parado. Que cuando llegas a ellos el resto del planeta se haya esfumado y solo quede el espacio de tu alrededor. Nada más. Hay tanto silencio que los oídos parece que se te hayan llenado de agua. No se oye nada. 
Uno de esos lugares es la Ribera de Bagergue, una planicie abierta al sur a 1.500 metros de altitud que se encuentra rodeada de altas montañas y por cuyo centro serpentea el río Unhòla (río rojo por la gran cantidad de hierro que hay en el suelo) que se desliza suavemente como para no irse nunca de allí, como para no abandonar ese magnífico paraje. 
Y es junto al río que te apetece sentarte en una piedra y quedarte mirando el lento discurrir del agua, los prados salpicados de bordas que se ven como casitas de juguete dispersas por el paisaje y, como no, las altas montañas que parecen vigilarlo todo como un guardián protector del valle.
Al final de la tarde, no puedes escapar a la tentación de sacar la cámara y capturar esa combinación de luces, sombras y colores que el sol, al ponerse, dibuja sobre el valle.
Las piedras del río tienen un característico color de óxido que el agua del Unhòla ha ido pintando con el tiempo y que contribuyen, si cabe, a aumentar la singularidad de este lugar tan especial.     

Para que os hagáis una ligera idea de lo espectacular del paraje os dejo un par de fotografías con el río de protagonista. 
Espero que os guste.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert




martes, 19 de abril de 2016

Puro placer



Es puro placer. A media tarde, coger la cámara y salir a pasear en esa franja de tiempo que va desde el final de la siesta hasta la puesta de sol. Si además tienes la suerte de estar cerca del mar, ya ni te cuento. La brisa te va trayendo aire fresco y llena el ambiente de esa humedad salada que todo lo impregna, incluso la cámara. Pero es igual. Todo te da igual. De vez en cuando haces alguna fotografía a los pescadores de caña o intentas captar esos reflejos dorados que luego cuestan tanto de reproducir. Y mientras vas paseando, sin hacer nada, las imágenes te van apareciendo para que tú las captes. Solo tienes que estar atento y tener la cámara a mano.
Es puro placer. Cuando de repente, aparece ante ti esa imagen que te cautiva y te paras un buen rato a contemplarla. Y como llevas la cámara la capturas para, más tarde, volver a deleitarte con ella. 
Es puro placer. Los aromas y la brisa que vuelven a ti cada vez que contemplas esa imagen porque la fotografía no es solo una representación de lo que vemos. También evoca todo aquello que sentimos cuando la tomamos.
¿A que sabéis de que os hablo?
¡Hasta pronto!

jmartinezbert

viernes, 27 de junio de 2014

Jugar con la luz


No sé si a vosotros os ha pasado alguna vez que después de estar un montón de tiempo para sacar una fotografía, llegáis a casa y, cuando la abrís en el ordenador no la encontráis tan espectacular como la habíais pre visualizado.
La fotografía que ilustra este post la obtuve hace ya unos meses y la he procesado de muchas formas diferentes porque, una vez procesada, no era capaz de reproducir la sensación del momento de la toma.
El lugar es de una belleza singular. Es el lago Naorte, situado en el Parc Natural de l’ Alt Pirineu. Para llegar hasta allí tuve que subir en un todoterreno hasta el Estany del Closell y de allí seguir a pie hasta el lago Naorte. El día era soleado y soplaba una ligera brisa que refrescaba el ambiente, lo cual resultaba muy agradable en el mes de agosto.
Después de varios disparos por los alrededores me situé sobre un saliente rocoso acabado en punta que, a modo de flecha, señalaba hacia las altas cimas que rodean el lago. Pensé que podía aprovechar esa forma peculiar de la roca para usarla como líneas principales que condujeran la vista hacia las montañas.
Con esta idea en la cabeza realice varios disparos con diferentes ajustes para conseguir una buena profundidad de campo y una exposición correcta y adecuada. Elegí el formato vertical para, todavía más, concentrar la vista en las montañas del fondo que eran el motivo de la fotografía. A pesar de la belleza del lago y sus alrededores lo que proporcionaba la sensación de majestuosidad eran las altas cimas por encima de todo lo demás.
Ya en casa, experimente con diferentes procesados pero todos los intentos resultaron fallidos. No conseguía la misma e inmediata sensación de empequeñecimiento que sentía frente a las montañas el día que tomé la foto. Creo que esto se debía porque las texturas de las rocas eran demasiado fuertes y los colores demasiado uniformes provocando que la vista se perdiera unos segundos, antes de llegar al punto que yo quería (las cimas de las montañas).
Finalmente, después de muchas pruebas y, sobre todo, de muchas decepciones –que no desánimo- di con la solución que me satisfizo lo suficiente como para mostrar la fotografía públicamente: la pasé a blanco y negro.
Dividí la imagen en tres planos. El primer plano (el saliente rocoso) lo oscurecí suficientemente como para que el observador no se perdiera en los detalles de la textura de la roca. Una ligera subexposición es suficiente para catapultar la vista hacia la luz, es decir hacia el otro lado de la orilla del lago donde están las cimas de las montañas. Para no perder al observador por el camino oscurecí también el agua del lago y la zona boscosa que se extiende al pie de las montañas (este sería el segundo plano). Finalmente ilumine suficientemente las cimas para que destacaran del conjunto.           
Espero que os guste y que experimentéis una sensación parecida a la que tuve el día de la toma.
¡Hasta pronto!

jmartinezbert